domingo, 17 de febrero de 2013

Venecia, Italia. 3° Parte.


Venecia, “más fría y más gris…”

Otra recomendación…para aquellos que dicen “en Venecia no nieva mucho”…por favor, dejen de decir eso.
Simeón Piccolo y Canal Grande

Aunque ya sabíamos, por el pronóstico meteorológico que hoy sería un día difícil por la nieve…creo que se quedaron cortos en adjetivos.

En esta segunda serie de fotos, verán que hay muchas escenas repetidas de la noche anterior…pero ahora con luz…y nieve. Mucha, mucha nieve. Copos, copitos y copazos de nieve…

Volvemos a María Gloriosa dei Frari y aquí…nuestra primera sorpresa: hay que pagar para entrar a la iglesia.

María Gloriosa dei Frari.


María Gloriosa dei Frari, interior
La segunda sorpresa: no se pueden sacar fotos, ni siquiera sin flash. 

María Gloriosa dei Frari, interior.  Monumento al Canova


Y la tercera sorpresa: no es barato. Entrar para ver, cuesta aproximadamente 3 euros por persona. Teniendo en cuenta que somos cuatro…y que hay más de 20 iglesias en la ciudad, eso nos da tanto como: una sensación de turbación y desánimo…que se troca en injusticia, para volverse en una acción justificada  y terminar sacando fotos porque al fin y al cabo está claro que no viven de la fe cristiana…sino de los turistas, que somos nosotros. Igualmente, con esta actitud…no entramos a todas las iglesias.

María Gloriosa dei Frari, Mausoleo Tiziano


Venecia tiene muchos artesanos dedicados a la elaboración de las famosas máscaras.  Y sacamos algunas fotos a los negocios.

Un negocio de disfraces
 

Dentro de nuestro itinerario se encuentra la iglesia San Barnaba famosa por ser la fachada de la biblioteca donde ingresa Indi en   “Indiana Jones III, la última cruzada”.  Sólo por eso…allí estuvimos.  Porque dentro, es un museo donde tiene cosas  (réplicas de los artefactos)  que inventó Leonardo Da Vinci y hay que pagar para verlas.


San Barnaba


Entre tanto comercio…y la nieve gratuita, la cosa se estaba poniendo áspera. Tan así, que llegamos al Ponte dei Pugni, lugar donde se daban las peleas de puño y donde los más descuidados terminaban en el canal, ya que antes no tenía barandas.
Ponte dei Pugni

No perdimos ocasión y fotografiamos “la lancha verdulera” y también “la lancha taxi”, un lujo.
Lancha verdulera

lancha taxi

Ya es hora de almorzar…y hablando de harinas, ordenamos un sándwich y gaseosas. El baño de este lugar me pareció extraño. Por ser unisex, el inodoro está muy, muy, muy bajito! Casi de cuclillas hay que ponerse para hacer pis.  No me gustó.

Salimos y llegamos a la Gallerie dell Accademia…que vimos por fuera. Cuando hacemos  viajes de dos días, no es conveniente entrar a los museos porque se pierde mucho tiempo.
Gallerie dell Accademia

Llegamos a la iglesia María del Rosario y ya no quería caminar más. La nieve era insoportable…y el viento empeoraba las cosas.

María del Rosario

Decidimos tomar el Vaporetto y regresar al hotel.  Comienza una seguidilla de imágenes desde el Barco colectivo hasta las Ferrovías.
Vista desde el Vaporetto

Entre los edificios destacables, el Ca d’ Oro construido en  el siglo XV, hoy museo.
Ca d’ Oro

Nos tomamos el tren y llegamos al hotel aproximadamente a las 15 horas. Estamos muy cansados…el frío cansa. Sin embargo, a la tormenta le importa muy poco si tenemos frío; menos le importa si tenemos hambre. Eran las 19 horas y seguía nevando.  Germán encontró en internet un ristorante a seis cuadritas del hotel. Otra vez nos emponchamos y fuimos a comer…harinas.
nuestra caminata hacia el "ristorante"

Cenamos y la nieve se volvió lluvia. Unas cuantas ramas de árboles quebradas por el peso vimos  a nuestro paso…
Venecia Mestre, después de nevar buena parte del día.

No nieva en Venecia…es pura ilusión.

 

viernes, 15 de febrero de 2013

Venecia, Italia. 2° Parte


Venecia, “Qué profunda emoción…”

 
Con los pies en tierra italiana, todavía hay luz natural. Tomamos un micro hacia Venecia-Mestre para dejar nuestras valijas en el hotel Martello.  La señora Carla nos recibió muy amablemente.  Ya no hay luz, sin embargo es temprano y Carla nos dio un mapa y nos explicó dónde está la estación de trenes y del bus. Nos ayudó mucho, ya que nos contó sobre los horarios y lo que conviene tomar dependiendo de la hora que volvamos.

Hotel Martello

Terminado el check in: ¡A la piazza San Marco! Llegamos a la estación de Ve. Mestre y sacamos el boleto en una máquina. Pensamos que con pagar el boleto es suficiente…pero no es así en Italia.
Habitación del Hotel Martello.

Además de pagar el boleto, hay que “validarlo”. ¿Por qué? Porque el sistema permite sacar un boleto que se puede usar dentro del plazo de cuatro meses. Se “valida” cuando se utiliza el pasaje. Es decir, se pasa por un escáner que imprime la fecha del día.  Si no se valida…hay multa, una muy importante: 200 euros. Nosotros…no sabíamos de este detalle. Por fortuna nuestra, un domingo por la noche, no hay inspector que controle… pero al enterarnos del procedimiento correcto y de la multa…”por no saber”, no lo hicimos otra vez.
Plataforma de enfrente...mucha gente, mucho amontonamiento.
 
Encontramos situaciones familiares en la plataforma de la estación.  La gente amontonada en la puerta del tren; el lío para subir y bajar…y cosas por el estilo…tan de Argentina como de Italia.

Luego de diez minutos, llegamos a la estación de Santa Lucía.  Y al salir….ante nuestros ojos el Canal Grande y la iglesia Simeon Piccolo. La belleza es helada…hoy hace mucho, mucho frío.
Canal Grande y Simeon Piccolo

Después, nos encontramos con la iglesia Scalzi.  Muy cerca de allí, está el Ponte Scalzi (Puente) y nos sorprendieron Bob Esponja y Patricio bajando de la mano…siempre pensé que eran amigos nada más. Cómo era hora de cenar, entramos al restaurante, de nombre original: Ai Scalzi Ristorante.  Por si nos quedaba alguna duda de dónde estábamos.
Iglesia Scalzi
Iglesia Scalzi

Bob Esponja y Patricio...
 

Primera recomendación…si van a Venecia, no se impongan como meta reducir el consumo de harinas. Yo intenté, lo pensé, reflexioné, me eché para atrás…y me relajé en dos minutos. Apenas leí el menú, de lo que menos me acordé fue de la harina.

Terminamos de cenar (con postre incluído: Torta Sacher y Tiramisú) y ahora sí…a disfrutar de la vista sin caer al agua.  Parece mentira, que haya edificios que se mantengan en pie…y hay calles de un metro de ancho, a estas se las llama ruga.  La ciudad de Venecia data del siglo V d.C. y ciertas fachadas se mantienen con un aspecto de esa época…


Ristorante Scalzi

 
Llegamos a unas ruinas de una iglesia. Nos pareció hermosa, y no anoté el nombre. Seguimos caminando y encontramos a la parroquia S. María Gloriosa dei Frari, que volveremos a visitar mañana. En nuestro peregrinaje, encontramos una pista de patinaje sobre hielo.
Iglesia...ruinas, y no anoté el nombre.

Santa María Gloriosa dei Frari
 
Volvemos al Canal Grande, y quedo inmóvil ante el Palazzo Loredan y Palazzo Farsetti… Seguimos caminando y nos sorprende el Palazzo Bembo. Llegamos al Ponte Rialto y ya aumenta la frecuencia de gente disfrazada…es un buen síntoma. Estamos cerca.

Palazzo Loredan y Palazzo Farsetti


Palazzo Bembo (derecho)

Sin tanta vuelta, llegamos. No nos alcanzan los ojos para ver la arquitectura maravillosa. ¿Algún dato interesante? Bueno, data del siglo XI y Napoleón alguna vez dijo “es el salón más bello de Europa” y le gustó tanto…que prohibió el carnaval…no sea cosa que se gestara alguna conspiración aprovechando el incógnito.  Recién volvió a celebrarse a partir de 1979…año en que Estrellita nació…no es dato  menor.
Basílica de San Marco

Campanille de ladrillo
 
 
En otras fotos vemos el Campanille de ladrillo donde se observaba la llegada de los barcos.  Y un grupo de gente carnavalera.  La “procuraduría vieja”  donde están los procuradores y magistrados que se ocupan de la conservación de  la basílica. La otra galería es “la procuraduría nueva”.
Procuraduría vieja

Pasamos a la Piazzetta, donde se encuentra (entre otros edificios) el Palazzo Ducal. Volviendo a San Marcos, encontramos la torre llamada Dell Orologio y también de Los dos Moros, que dan la hora tocando la campana.
Palazzo Ducal

Los dos Moros


Frente a la Piazzetta, en la otra orilla se encuentra la basílica Di San Giorgo Maggiore.
San Giorgo Maggiore

En la Torre Dell Orologio, hay un reloj que señala las horas, los días, el curso de los planetas y las estrellas.
Reloj que marca la hora, los días, la posición de los planetas y las estrellas



Ya es tarde y nos estamos volviendo.  Nos vamos con la iglesia San Rocco y  la parroquia San Tolentini.  Volvemos…hace muuuuuuuuuuuuuuuucho frío.
San Tolentini
 
San Rocco.

 

Venecia, Italia. 1° Parte


Venecia

10, 11 y 12 de febrero de 2013

Domingo 10 de febrero: Objetivo Venecia.

Hace más de un mes pensamos,  mi esposo y yo acerca del fin de semana de Carnaval. Y estando en Europa…elegimos el carnaval “más romántico del mundo”…porque el “mais grande du mundo” no está en este continente. 

Planeamos este viaje, pensado que ya no seríamos ciudadanos de a pie, pero se nos pasó enero y no logramos obtener la licencia de conducir.  Nos vimos en la situación de llegar al aeropuerto de Frankfurt Hahn a 100 kilómetros de nuestro hogar por transporte público. A las 11 de la mañana del domingo, comenzó nuestra travesía para llegar al aeropuerto y tomar el vuelo de las 15.30 horas.

Empezamos por el colectivo (Bus) para llegar a la estación de tren.  En la estación de trenes de Saarbrücken llegamos con 10 minutos de anticipación para tomar el tren…que ya estaba en la plataforma listo para partir a las 11.49 horas. Este no es un tren de alta velocidad, es uno regional. Sin embargo el “quetren, quetren” no se escucha…es sólo en mi cabeza que se repite, casi como un trauma que no te abandona.  Como diría el Nano, “son esas pequeñas cosas”.

Nuestro viaje llegó a su fin en la estación de Neubrücke donde nos aguardaba nuestro compañero y buen amigo Frank. Él, que sí tiene licencia para manejar, nos llevó en el último tramo hasta el aeropuerto y llegamos con las dos horas previas de rigor. Frank nos cuenta, que este este aeropuerto comenzó teniendo una función militar sirviendo a la base  norteamericana durante la ocupación posterior a la 2° Guerra Mundial.  Cuando se desocupó la base, el aeropuerto quedó abandonado provocando una caída de la economía del lugar. Entonces, se decidió reactivarlo como aeropuerto civil para vuelos cortos.  Utilizado en su mayoría por vuelos de Raynair.

 Otra experiencia que sumamos, son los vuelos de bajo costo. Para que se den una idea de lo barato que es volar por este tipo de aerolínea, un pasaje de Lufthansa equivale a 4 pasajes de Raynair al mismo lugar.  Claro, hay diferencias desde el tipo de aeropuerto hasta el servicio de abordo pero tratándose de un viaje de una hora, todo es relativo.  

En una línea aérea de bajo costo, cualquier beneficio es un extra y eso se paga.  Por ejemplo, dependiendo del peso y tamaño del equipaje, uno puede pagar más o menos euros o incluso nada si la valija pesa menos de 10 kilos y su tamaño es pequeño ya que se puede optar por llevarlo consigo en la cabina. Sólo se permite un solo equipaje por persona para estos casos.  Otra manera de ahorrar dinero es omitir la selección de asientos.  Se pueden  ahorrar 10 euros por pasaje si nos sentamos en los asientos que quedan vacíos sin reserva.  Esta última opción es muy usual. 


Siendo el viaje tan corto, y sabiendo que estaríamos “desparramados” en el avión, preferimos entrar últimos en la fila.  No teníamos ganas de hacer cola y esperar de pie hasta llegado el momento del embarque.

Hay varias personas, que no entienden el concepto de fila.  Y eso nos llamó la atención. Es decir: se cuelan. Sin ningún problema ni complejo, se levantan del asiento y simplemente se meten delante de uno, en mitad de la…fila sin que nadie diga algo o se queje. Nosotros no estamos acostumbrados a colarnos ni tampoco a sufrir este tipo de situación. Por lo tanto esperamos al final.

Debemos caminar unos cuantos metros hasta el avión.  Veo un avión con joroba. Mi esposo me dice que es  un Jumbo modificado para llevar partes de otros aviones. 
Jumbo

Por fin arriba del avión, nos encontramos con dos filas de tres asientos a cada lado. Estamos en un Boing 737.  Los asientos no se reclinan, ni hay pantallas para ver algo, ni tampoco auriculares.  Una vez que todos estamos sentados, se oye por el alta voz al capitán y se enciende la luz para abrocharse el cinturón.
Boing 737

Al poco tiempo del despegue, la tripulación nos da la bienvenida y un auxiliar comienza a leernos en inglés las instrucciones en caso de emergencia. A la vez, otros tres auxiliares se ubican en el pasillo y comienzan a hacer la mímica de lo que se escucha por el parlante.

Entonces, vemos cómo se debe colocar el salvavidas, la máscara de oxígeno y también nos indican las salidas de emergencia. No habrá tele…pero hay función de mimos.

Con la señal de abróchese el cinturón apagada y sin el auxilio de un MP3, tenía tres opciones: cerrar los ojos por el resto de los 45 minutos de vuelo; mirar al frente y releer las instrucciones de emergencia pegadas en el asiento o…mirar qué hacen los demás.

Empecé por la tercera. De pronto, la gente se levantaba de sus asientos.  Algunos para ir al baño, otros para abrir sus valijas y sacar todo tipo de cosas: galletitas, frutas, bebidas, etc.  Otros leían. ¡Menos mal que el vuelo dura una hora! Se levantaban los de la ventana, los del medio, los del pasillo…todo era un quilombo. Sufriendo los efectos de la altura,  de pronto, me vi en el micro Almirante Brown que va a la costa Atlántica…era eso o el día de la primavera, porque parecía como si todos estuvieran de picnic.

Ante esta situación, opté por la opción primera y cerré los ojos. Duró poco mi siesta, porque en el alta voz se escuchan nuevamente algunos anuncios.  Nos invitan a comprar bebidas y refrigerios…nada es gratis por aquí.  Como dije antes, todo beneficio o servicio es un extra.

Y sin muchos preámbulos también escucho que se venden billetes de lotería…ahí abrí los ojos. Porque temí sufrir otro ataque…uno que me lleve al pasado y encontrarme en el tren San Martín (mis respetos al General) donde venden billetes de la Lotería La Solidaria.

¡Sea bueno y compre el billete de lotería! ¡Puede ganar hasta un billón de euros! ¡Ayude a construir hospitales para los niños! ¡Compre un billete por dos euros o diez por siete! ¡No se olvide que también contamos  con el free shop abordo! ¡Compre el perfume de Lady Gaga! ¡Tenemos cigarrillos, veinte unidades por seis euros! Un anuncio tras otro, en inglés, en italiano y en alemán…es tan lindo entenderlos en tres idiomas…

¡Cállense, cállense, que me desesperan! Diría Quico, si estuviera sentado a mi lado. Pero no tenía a Quico…en su lugar había una pareja de enamorados. Qué demostrativos son… ¡Pará Estrellita! ¿Tenés algún problema con eso?  No, Estrellita no tiene ningún problema moral…más bien era un problema limítrofe.  Digamos que Estrellita estaba muy cerca de la frontera… No vendían anteojeras en este vuelo. ¡Hubiera dado todos los euros que tenía en la cartera! ¡Hubiera entregado el pasaporte, con tal de conseguir una! A ver Gucci, Dior, Ralph Laren…hagan anteojeras para el free shop, porque Estrellita necesita.

¿Y Estrellita, por qué mirabas tanto? ¿No había otro lado para dónde mirar?  ¡Es que no entendés nada vos! Por la ventana del avión se veían los Alpes nevados. Por suerte, los enamorados acabaron…de besarse y él se hundió…en el regazo de ella para dormitar un rato. Mientras ella, ojeaba una revista…y los Alpes ahí, dibujados.  Estrellita no podía evitar ver las montañas. 

También me imagino a Heidi, al abuelito, a Pedro y sus cientos de cabritas saltando por los Alpes. Pero…Heidi es un cuento suizo. ¿No sería mejor, imaginarse algo más italiano, como “Pinocho”,  “Romeo y Julieta”, “Las tortugas ninja” o el “Topo Gigio”? Bueno, mi paciencia tiene un límite…si yo quiero imaginarme a la “piccola Heidi, al nonno y al piccolo Pedro con le sue capre” me los imagino y listo.  ¡Vaffanculo!

La señal de abrocharse el cinturón se ha encendido.  Estamos llegando al aeropuerto de Treviso, Italia.

Aeropuerto de Treviso, Italia.
 

jueves, 7 de febrero de 2013

Las monedas de Estrellita


Las monedas de Estrellita…

 

Cuando nos fuimos de Argentina, dejé atrás un montón de hábitos y otros me los llevé en el bolsillo.  Al llegar a Alemania, los acomodé a todos…hasta que logré deshacerme de algunos, sobre todo los que tienen que ver con la inseguridad. Hay uno, con el que me encariñé tanto…el de guardar moneditas.

En Argentina, debido a la incipiente inflación, no es divertido guardar moneditas. Quizás no aprendí la lección de mis abuelos, cuando hace más de veinte años descubrí un frasco de vidrio enorme lleno de monedas de 10 pesos de 1978 o antes  y que, por supuesto, no servían para nada.  Para cuando encontré ese tesoro, ya habíamos cambiado 2 o 3 veces de moneda en Argentina. De los Pesos Ley 18188 a los Peso Argentino en 1983 y en 1985 cambiamos por el Austral para volver a cambiar por el Peso en 1992 hasta la actualidad. Sin embargo, de todo ese cuento no me acordé en absoluto al encontrarme con tantas monedas de diferentes tamaños, colores e impresiones aquí (ya que hay muchas impresiones dedicadas a personajes famosos de Europa o para homenajear eventos importantes, como por ejemplo, la celebración de los Juegos Olímpicos y cosas así).

Como en Alemania, la inflación anual es del 3%...la “tradición” de ahorrar cada monedita que cayera en mis manos cobró cierto interés.

Fue así, como decidí guardar cada una desde un centavo de euro hasta los 2 euros.  Para hacerlo más interesante, decidí no contar a ningún integrante de la familia sobre mi emprendimiento financiero.  Es que me encanta hacer regalos sorpresa y faltando casi seis meses para Navidad, no me perdería esta oportunidad.

Tan acostumbrados a que lo que valen son los billetes, las monedas gozaron de cierta impunidad y me fue muy fácil apartarlas de la contabilidad familiar. Guardando todas en una caja de perfumes hasta que pasara un tiempo y se me ocurriera contarlas.

Por cada viaje de fin de semana, nos quedaban los vueltos de los estacionamientos, suvenires, postales, almuerzos, helados, etc.  Estrellita apartaba moneditas, las metía en la caja del Nina Ricci. Cada tanto cambiaba algunas monedas por un billete, pero no era lo mismo que ver la montañita de monedas crecer y crecer.

Pasaron los meses y faltaban cuatro o cinco días antes de Navidad. Decidí contar las monedas que tenía. Para esta altura, la familia sabía de mi misión secreta ya que conocen mis hábitos de “ardilla”, aunque no estaban al tanto de la cantidad reunida. Cuando cada uno se fue a sus ocupaciones, Estrellita se quedó solita y sacó todas las monedas.  Ya pensaba ir a cambiar todas esas monedas al banco e inmediatamente correr a las tiendas departamentales que  me esperarían con la alfombra roja desplegada… ¡Ay Estrellita! ¡No es para tanto!

Las conté todas y tenía 151 euros, contando desde las monedas de 1 centavo hasta 2 euros. Después de pensarlo bien, dejé de lado las monedas de 1 y 2 centavos porque molestaban. Me quedé con 150 euros.

Antes de ir al banco, decidí separar las monedas de acuerdo a su denominación y las puse en pequeñas bolsitas de nylon.  Estrellita se felicitaba a sí misma, por ser “tan considerada” con la cajera del banco, que debería contar todas esas monedas para llegar a: 150 euros.

Caminé las dos cuadras entre mi casa y el Deutsche Bank.  Entré con mi mejor sonrisa y con mi papelito que decía: “deseo cambiar estas monedas por billetes, por favor”.  ¿Y qué pasó Estrellita?  ¿Qué pasó?????  ¿No le agradeció la cajera por traerle monedas?  ¿Alemania no atraviesa una escasez de monedas como en Argentina?  Nada de eso… la respuesta en rápido alemán fue algo así como “lo siento señora, no le puedo cambiar las monedas por billetes porque no contamos con la máquina para contar monedas”… Pero, pero….yo conté las monedas con “mi máquina cerebral”. ¿No habría posibilidad de que la cajera hiciera lo mismo? Se ve que todo mi sentido común no es tan común por estos sitios.

Me fui, un tanto preocupada, con mis seis bolsitas de monedas de diferente denominación, que a propósito…empezaron a pesar.  Si el sentido común no tenía peso, las monedas…sí tenían. Me fui caminando al centro…a riesgo de una hernia... ¡no exageres Estrellita! Durante 15 cuadras estuve pensando dónde corno cambiaría las benditas. ¿Y por qué no tomaste el colectivo Estrellita? …Fácil, no tenía más monedas y si compraba un boleto ya no tendría 150 euros.

Hablando por teléfono con mi esposo, le contaba de mi desgracia. Él me sugirió que fuera al Post Bank (El Banco del correo) quizás ellos tengan “máquina para contar” y de paso, envío unas postales.

Llegué agitada, y me dirigí a la caja.  Aguardé en la cola y cuando tocó mi turno, expliqué de la mejor manera mi deseo…a esta altura descabellado. Con todos mis errores, el cajero entendió… ¡pero yo no entendí que el trabajo lo iba a hacer yo! Me trajo inmediatamente la máquina y me invitó a acomodar cada monedita en su ranura para poder contarlas sin equivocarse. Cuando vi la famosa máquina…me sentí tan estafada. No se trataba de ningún aparato futurista ni mucho menos. Ni siquiera se trataba de un aparato, eran simplemente unas canaletas de diferentes tamaños donde se acomodan las diferentes monedas. Dependiendo de la longitud ocupada y también de la denominación, obtendría la cantidad exacta de dinero.

Estuve media hora “trabajando”.  Igualmente, no pude envolverlas en las cartulinas de colores como me pidieron.  Busqué con cara de perro mojado, algún cajero que pudiera recibirme nuevamente con mi tarea hecha.

Una señora, más simpática que el cajero anterior, me invitó a pasar nuevamente al mostrador. Miró mi trabajo y sumó todas las columnas: 150 euros. Sí, contestó Estrellita…no es casualidad pero no comenzaría el debate de causalidad y casualidad ahora que estaba tan apurada por ir a reventar el dinero en las tiendas en la peatonal.

¿Su número de cuenta, por favor? Me pidió la cajera.  Was? What? ¿Qué?  ¿De qué cuenta me está hablando esta amable señora?  ¿Acaso yo tengo que tener cuenta en este banco para cambiar monedas?  Otra vez, mi sentido común en el subsuelo. 

No tengo cuenta…no sabía que debía tener una cuenta para cambiar monedas. Le expliqué que yo soy clienta del Deutsche Bank y que no me cambiaron porque no tenían la “Maschine”.  “Ese no es nuestro problema, señora. Usted es clienta de ellos…deberían solucionárselo… Pero, como es Navidad, haré una excepción”.

Estrellita respiró aliviada y prometió nunca más ahorrar en monedas. La cajera sonreía, y Estrellita también.  Salió airosa con su platita en el bolsillo y su espalda derecha. La felicidad le duró los 10 escalones en bajada…cuando vio dentro de su cartera, las postales sin enviar. 

No le daba más la cara a Estrellita para volver a entrar a esa sucursal…prefirió caminar otras 10 cuadras hasta la otra para enviarlas.

Ahora sí a divertirse y darle la tarde libre al sentido común que hoy no sirvió de mucho.

 

 

 

 

 

viernes, 1 de febrero de 2013

Fin de año 2012


Fin de año 2012 en Saarbrücken

 

Luego de una muy apacible Navidad, continuamos celebrando.  Seguimos maravillados con el tema del silencio durante las noches.  No hay ni una cañita al aire desubicada.  Yo pensaba… ¿ni un solo transgresor existirá en esta bendita parte del mundo?
Mesa de fin de año

El 31 de diciembre se despejaron mis dudas en el supermercado.  Además de año nuevo por venir, nuevas “aventuras” están por acontecer. Nos preparamos para volver a ser “ciudadanos de a pie” ya que la licencia para conducir internacional de mi esposo vencerá el próximo 02 de enero de 2013. Ante esta nueva circunstancia, nos obligamos a concurrir al supermercado para comprar algunos víveres  y así, evitar las compras diarias en el almacén de la esquina de nuestra casa, que es más caro.
El fanal rojo, también lo adquirimos en el mercado de Núremberg.

Mientras mi esposo iba a buscar un carrito de supermercado, yo decidí ir a buscar más chocolates en las góndolas especiales que se habían preparado antes de Navidad. ¿Y qué encontré? Nada de eso.  Ni un mísero chocolate, ni galleta, ni esfera de navidad, ni pan dulce… En lugar de comida, había mucha pirotecnia. Cañitas, silbidos, estrellitas,  bengalas de diferentes tamaños y colores.  Desde 10 euros hasta 100 euros (eso ya es una caja con un juego de  artificio de duración variada, depende del precio) lo que quisieran.  La gente…llevaba a montones, como si fueran chocolates. 
Estos son los chocolates que elegimos para dar la bienvenida al 2013

Me quedé esperando a mi esposo, y sobre todo esperando verle la cara cuando viera semejante polvorín. Ya que a él sí le gustan estas cosas.

Estuve un rato al costado de las góndolas explosivas, hasta que Germán se decidió por un juego de luces de un minuto de duración.  Para mí, estas cosas son chino básico… Me gusta ver las luces en el cielo, pero no me gusta manipular pirotecnia porque no me considero apta para esas cosas.

Sin aflojar ni un poco, después fuimos a buscar chocolates… Aunque nos quedó rondando en la cabeza, una pregunta ¿Cómo fue posible que no viéramos la pirotecnia la vez anterior que estuvimos en el supermercado? Con tanta gente alrededor, hubiera sido imposible no verla.  La respuesta llegó unos días después, cuando los compañeros de trabajo de Germán le dijeron que sólo se puede vender pirotecnia unos días antes del 31 de diciembre.  Después o antes está prohibido. 

¡Ahora sí! ¿80 millones de habitantes y todos se van a portar bien? Naaaaaaaaaa, a Estrellita naaaaaaa.

Nuestra cena, transcurrió de lo más normal.  Por precaución, nos informamos previamente, dónde se pueden encender los dichosos fuegos. Nos explicaron que usualmente es en las calles o si estamos en el centro, se realiza en las plazas. Es así, como a las 00.05 nos dirigimos a la avenida principal más cercana a nuestro departamento para observar qué pólvora colorida compramos.
Mirando los fuegos artificiales.

El espectáculo a nuestro alrededor era impresionante. No importaba la dirección  a donde mirásemos en el cielo, las luces de colores aparecían por todos lados.
Noche de Año Nuevo.

Otra cosa inusual fue el detalle del brindis… Observamos que algunos vecinos salen con sus copas de champán y brindan en la vereda con otros vecinos…y van caminando hasta la casa de otro y de paso brindan con cualquiera que pase… 
Noche de Año Nuevo.

Nos pareció muy simpático el gesto. No sé si nosotros habremos parecido antipáticos…ya que no llevábamos copas de champán para brindar…apenas los fósforos.

¿Y en dónde dejo toda la basura ocasionada por los festejos? No se preocupe vecino, deje sus cartones, cañitas usadas, copas de plástico rajadas, estrellitas quemadas y serpentinas inútiles en el cordón de la calle, que la empresa recolectora de basura se ocupará de recoger todo eso el 2 de enero.  Por lo pronto, nosotros no contábamos con ese dato…

De más está decir que nos llevamos la caja quemada de vuelta a nuestro hogar.  Nosotros…extranjeros responsables… ¡Qué digo! Responsabilísimos no íbamos a dejar esa suciedad en la vereda…

Cada tanto, paso por el rincón de la casa donde depositamos nuestra caja pirotécnica…quemada…agradeciendo la posibilidad de  celebrar el próximo fin de 2013 en Alemania ¡y así sacarme esa porquería de encima!

 

lunes, 28 de enero de 2013

Navidad en Saarbrücken 2012


                                                               Navidad en Saarbrücken

 

Definitivamente, esta es una Navidad inusual… más inusual que lejana, aunque el  Atlántico se ponga en el medio.  Pensando en toda la familia que está en Buenos Aires, podría pensarse que sería colmada de nostalgia.  Yo creo que a la nostalgia hay que darle su lugar y también se puede sonreír. 
Mesa de navideña en nuestro departamento
La vuelta de tuerca ocurrió cuando en Nochebuena pasamos por la casa de un compañero de trabajo de mi esposo.  Vive a 3 cuadras de nuestro departamento.  Entre tantas costumbres nuevas, las personas de aquí, cenan más temprano que nosotros: alrededor de las 18 horas. 
Los renos, los compramos en Núremberg, el mercado de Navidad.
 
En Argentina, para aquel que no sepa, la hora de la cena es algo tan particular de cada familia que sería mentira si precisara una hora. Podría decirse que casi siempre es después de las 20 o 21 horas…o más tarde. Nosotros pasamos para brindar y saludar a las 20 horas.  Del grupo tan ameno que se encontraba en la casa, la mayoría éramos extranjeros.  La ONU Navideña entró en cesión: Inglaterra, Turquía, Alemania y Argentina.
El arbolito...ya tenía algunos regalitos. Papá Noel pasó unos días antes.


Hablamos el inglés con acentos…pero es tan hermoso poder entender al otro. Así transcurrieron más de una hora y media.  Entre risas y saludos de buenos deseos nos volvemos a casa…hay que preparar la cena.
¿No es linda esta esfera?

¡Ah! Pero no se preocupen tanto…Estrellita ya tenía todo bajo control. Nuestra cena de Nochebuena fue muy sencilla.  Siempre pensé que es más valioso el buen humor que la buena comida…y si cocinar me pone de mal humor, es fácil asignar prioridades…
Pruebas de que Estrellita cocinó.

Llegamos y pusimos a cocinar en dos sartenes, unos churrasquitos de pavo bastantes finitos.  En una sartén, agregué crema y champiñones, con sal, pimienta y nuez moscada. La ensalada…ya la compré hecha y además Germán lavó unas hojas de lechuga y unos tomates cherry para las niñas.

Por fácil que parezca, el tiempo voló.  Terminamos cenando minutos antes de las 23 horas. ¡La ensalada de frutas! ¡Me olvidaba! Ese clásico argentino no podía faltar. Y también el helado…aunque tengamos cero grados…no importa.
Las frambuesas....recuerdos de mi niñez.


Heladito....mmmm

Llegaron las 00 horas…y brindamos los 4.  El silencio en medio de la noche hace que la Nochebuena cobre otro sentido… Aquí no se tiran fuegos artificiales, por lo que todo es quietud y las personas concurren a las iglesias ya que celebran misa.  Eso fue lo inusual…en Argentina los estruendos de los petardos y las luces llenan el cielo, y las iglesias no celebran misa a esa hora.  El olor a pólvora se queda en las narices por unos minutos y los hospitales se preparan para recibir a los primeros heridos por pirotecnia. 
En Alemania no encontramos turrones ricos. Reemplazamos por chocolates.

Miro por la ventana…me imagino las luces, huelo la pólvora, me acuerdo de mi familia y brindo a su salud… en silencio.
Nuestro gato...jugando con los papeles de los regalos.